DESDE MI CORAZON
Fragmento del
capítulo III
Recuerdo que estaba
leyendo el cuarto capítulo del famoso libro de J.J. Benitez, El Caballo de
Troya y me sentía feliz, por fin alguien daba una visión de Jesús de Nazaret que
me gustaba más que la tradicional, no podía creer en reli
Había dejado a un
lado teorías racionalistas a través de las cuales intentaba demostrar que Dios
era una ilusión y un invento para dar consuelo o limitar, un arma de
manipulación en manos del poder; y estudiando distintos cultos y diferentes
iglesias, había topado con algo que me inducía a buscar por otros lados, sentía
que debía girar mis ojos y mi mente hacía mi interior, pero no sabía como
hacerlo.
Y esa mañ
Le acompañaba un
amigo común a quien él había recurrido, la intuición a través de los sueños le
ofrecían mi imagen, el país y la ciudad, pero ya no sabía por dónde buscar, y
una vez más sus dotes le condujeron hasta mi amigo Juan, el Psicólogo. Él le
conoció en una reunión en
- ¿No decías que no
volverías a creer en nada ni en nadie, si no aparecía un Maestro?, pues aquí lo
tienes. No pidas pues se te puede dar.- Soltó una gran carcajada.
No podía salir de mi asombro, les rogué que
entráramos en alguna cafetería y habláramos como personas adultas y racionales.
Ya sentados y
frente a tres botellas de agua mineral pues con el calor no apetecía ningún
refresco dulce, el que luego sería mi Maestro se explicó lentamente:
- En mis sueños has
aparecido más de cinco veces, consulté con el espíritu de la sabiduría y me
dijo que debía buscarte pues tu hace ya mucho... -Reflexionó Tlahtoani- abriste
algunos c
Creí comprender lo
que me decía. Era cierto que últimamente tenía serios desajustes hormonales,
había duplicado mi peso y mi entorno era ligeramente caótico.
Dudé unos breves
instantes, ¿por qué no?, hacía tiempo que no vivía ninguna aventura curiosa, me
lancé a ello.
-¿Qué proponéis que
haga?.
El indio cambio el
rictus de la cara con un movimiento casi imperceptible, su rostro era
inescrutable, pero por unos segundos se torno dulce, paternal.
- No dudes de tu
inteligencia ni por un momento. A partir de ahora debes hacer lo que te ordene
sin cuestionar nada. Esta noche sólo debes tomar zumos de fruta y mañ
Asombrado mi amigo
le respondió.
- Sí, tengo bañeras
y sauna. ¿A qué hora estaréis allí?.
- Pronto, a las 6
de
- Si, por qué no.-
Respondí yo atónita y algo intrigada ante la situación.
Nos despedimos sin
más, como tres amigos que han estado hablando del tiempo. No cené y me levanté
a las cinco de
Cuando llegué, el
Maestro ya estaba allí,
Tlahtoani, entró en
dirección a los baños. Se movía por el interior del centro de mi amigo como si
lo conociera milímetro a milímetro, no abrió ni una puerta errónea, fue directo
al lugar que él buscaba. Llenó una de las bañeras con agua templada y salió,
autoritariamente ordenó a
Yo resuelta, salí
de los vestidores cubierta con el
bañador. Muy serio resopló, musitó algo mirando al cielo y con tono paciente me
dijo que no debía cubrir mi cuerpo con tela, él era el Maestro y debía
bautizarme como a un niño recién nacido, pues así debía encontrarme con las
energías del Universo. Avergonzada, le pedí que saliera del baño, me desnudé y
entré en el agua, cuando el volvió a entrar sentí que me moría de vergüenza, lo
peor fue cuando comenzó a cantar unos salmos en un idioma que por aquel
entonces yo desconocía.
Cogió mi largo pelo
sumergiéndome dentro del agua la cabeza y el cuerpo, mi mente voló, me
aterroricé. Pensé que había caído en manos de un loco y que yo estaba todavía
más loca por estar allí, decidí que cuando pudiera sacar la cabeza de debajo
del agua, saldría corriendo.
Tlahtoani siguió
impasible apretando cada uno de los puntos corporales donde supuestamente se
localizan nuestros centros energéticos, los hindúes les llaman chakras (las
siete ruedas energéticas que contiene nuestro cuerpo físico y que de alguna
manera nos unen al Universo). Si alguna de estas ruedas está sucia u obturada
priva la libre circulación de la energía por nuestro cuerpo y enfermamos,
porque perdemos el leve equilibrio que existe entre nuestro cuerpo físico y
la energía del Universo. Pues bien, él
estaba dispuesto a volverlos a alinear y que los dos puntos que el
diagnosticaba como obstruidos latieran correctamente con el pulso del Cosmos.
Me ahogó repetidas veces
y manipuló mi cuerpo con fuerza, por fin después de preguntarme muchas veces
"que hacía una chica como yo metida en esos líos", me tranquilicé y
fue desapareciendo la vergüenza de mostrarme desnuda a sus ojos y a la vez que
dejaba de ofrecer resistencia, una gran sensación de paz me embargó. Cuando
terminaron sus oraciones y sus fuertes y dolorosas presiones, me pidió que me
cubriera con la toalla y entráramos en la sauna.
Esparció unas
hierbas en el suelo, nos sentamos y me rogó que repitiera unas palabras que él
iba pronunciando a lo largo de una canción que fue salmodiando para mí. La
sensación de paz fue enorme, supongo que me sentía más segura tapada por la
toalla, después me indicó que fuera visualizando distintos colores mientras
seguíamos repitiendo los sonidos que me había enseñado y de nuevo experimenté
lo que ya conocía como Viaje Astral.
Mi cuerpo
energético se desplazó dejando mi cuerpo físico en la sauna y mi otro yo,
sumergido en espirales de colores, unas veces rojas, otras naranja, otras
verdes, otras amarillas, otras azules, otras violetas y por fin doradas que
poco a poco fueron sumándose unas encima de otras hasta convertirse en un
blanco resplandeciente y etéreo.
Los cantos cesaron
y como si me hubieran dado un fuerte mazazo, volvía a la realidad sintiendo la
potente y desagradable succión del cuerpo físico sobre el energético; sin darme
mucho tiempo a reaccionar, me sacó de la sauna, me hizo beber agua, y muy serio
me reprendió.
- No estas todavía
preparada para la sagrada prueba, ahora ya he cumplido mi misión, tú debes
decidir. Has de estar un tiempo sin que nadie te pase energía ni tu debes
pasarla, tu nueva vibración ha de adaptarse a tu cuerpo físico antes de que
puedas hacer experimentos nuevos o curar a nadie.
- Yo no deseo curar
a nadie y ahora no trabajo de Psicóloga, ni de parapsicóloga, ni de psíquica,
lo dejé hace un tiempo. Le respondí muy seria y algo agobiada.
Impasible Tlahtoani
continuó con su retórica:
- Pero ahora tu
camino ya esta trazado y encontrarás a viejas amistades, recuerda no debes
interferir o no habrá servido de nada esto. Tú y yo volveremos a encontrarnos
por que tu espíritu te guiará hasta el camino. No importa los círculos que
debas dar pero volverás al centro de
Me besó la mejilla,
se dirigió a la puerta y se fue,
tribu muy especial,
los guardianes del espíritu de
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